Los pueblos que habitaban América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización económica, social y política. Algunos habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una agricultura simple o eran cazadores y recolectores. Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la andina, desarrollaron sociedades urbanas.
En estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la producción agrícola y de la población. Se habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente jerarquizado.
Entre los aztecas y los incas, como entre los mayas, los guerreros y los sacerdotes conformaban el grupo privilegiado y ejercían el gobierno. La mayoría de la población, compuesta por campesinos y trabajadores urbanos, debía entregar fuertes tributos en productos y trabajo.
Estas sociedades estaban organizadas y gobernadas por fuertes Estados teocráticos, llamados así porque toda la autoridad residía en los sacerdotes y porque el jefe del Estado era considerado como un dios. Por esto, las primeras ciudades se organizaron alrededor del centro ceremonial o templo. Los templos eran edificios que tenían funciones religiosas y también económicas, dado que almacenaban y distribuían los productos tributados por los campesinos. A la llegada de los españoles, las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.
La mayoría de los pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos. Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no existía la división del trabajo. Estaban distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
La organización jerárquica de la sociedad. Las sociedades azteca e inca fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades .urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C. Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad.
En el espacio americano, el principal desarrollo cultural se da en Meso américa , la parte central de América; en donde el medio ambiente propició el nacimiento y desarrollo de las culturas que alcanzaron mayor grado de avance, sofisticación y esplendor. (en el sur con los Incas del Perú hubo también un desarrollo importante). Hacia el 1,500 a. C.
surge la primer civilización de gran importancia: la olmeca; ésta influye en los zapotecas y en los mayas, influencia que da pie a una simbiosis cultural que involucra principalmente a los huastecos, los teotihuacanos, los toltecas y las culturas del Anáhuac hasta llegar a los mexicas. México-Tenochtitlan, fue fundada por los aztecas en 1325, en esta forma nace teniendo como base un desarrollo cultural ecléctico, alimentado y determinado con la esencia de las culturas mesoamericanas. El fundador de México-Tenochtitlan fue el sacerdote Tenoch, a quien probablemente deba parte de su nombre la gran metrópoli. Después del dominio teocrático de éste, según el consenso de los historiadores y antropólogos especializados en la cultura mexica, el primer señor de los mexicas fue Acamapichtli, un descendiente del “desposeído rey de Culhuacán”, a su vez descendiente directo de la nobleza tolteca; el segundo fue Huitzilihuitl, hijo de Acamapichtli, quien se casa con la hija de Tezozómoc, el señor de los tepanecas, Rey de Azcapotzalco, el más importante y aguerrido del valle de Anáhuac. El tercero fue Chimalpopoca, hijo de Huitzilihuitl y nieto de Tezozómoc. Existe la hipótesis de que posiblemente Chimalpopoca haya sido ejecutado a la muerte de Tezozómoc, su abuelo, por un aparente acto de tibieza o cobardía, frente a Maxtla, su tío, líder de los tepanecas de Azcapotzalco.
Como sucesor de Chimalpopoca sube al trono Izcóatl, hijo de Acamapichtli, y, aconsejado por Tlacaelel —un personaje de gran influencia política entre los mexicas— establece lo que sería el principio de la consolidación de la hegemonía del Imperio Mexica: la Triple Alianza, conformada con Netzahualcóyotl, de Texcoco, y Totoquihuatzin, de Tlacopan. Izcóatl es sucedido por Moctezuma Ilhuicamina, quien también, ayudado y asesorado por Tlacaelel, consolida la hegemonía mexica en el valle, lo que más tarde haría surgir al imperio mexica. Le sigue su nieto Axayácatl, gran conquistador que manda labrar la Piedra del Sol (El llamado Calendario Azteca) para la inauguración del Templo Mayor. Le sucede su hermano Tizoc. Posteriormente sube al trono el hermano de ambos, Ahuitzotl, héroe de mil batallas. Él es quien expande a su mayor extensión el imperio mexica, al cubrir propiamente casi todo Mesoamérica. Este es sucedido por su sobrino Moctezuma Xocoyotzin, hijo de Axayácatl.
Cuando Moctezuma Xocoyotzin muere por una lesión en el cráneo ocasionada por un guijarro lanzado con gran fuerza desde una de las hondas de su propia gente, lo sucede su hermano Cuitláhuac, quien muere contagiado de viruela, padecimiento que, junto con el tifo, la tosferina y el sarampión, fue una de las terribles plagas que llevaron consigo los conquistadores a América y contra las cuales los organismos de los indígenas no tenían defensas. Cuitláhuac previamente se había declarado en franca rebelión contra los españoles y su propio hermano. Cuando muere Cuitláhuac, los nobles eligen al hijo del gran Ahuitzotl: a Cuauhtémoc (águila que desciende), último emperador mexica, cuyo significado de su nombre fue un presagio del fin que tendrían él mismo y su imperio.
LOS OLMECAS
Si nos trasladamos en el pasado hasta 1,500 años a. C.,
podríamos asistir, en medio de la exuberancia de las selvas tropicales de
México, en lo que hoy son los estados de Veracruz y Tabasco, al nacimiento de
la cultura madre en Mesoamérica: los olmecas, “habitantes de la región del
hule”, talladores escultóricos de grandes piedras basálticas monolíticas,
productores de cerámica tanto ritual simbólica como de uso práctico y
cotidiano, e iniciadores de la teología y cosmogonía mesoamericanas. La belleza
y elegancia del monarca de la selva americana; el jaguar, quedó inmortalizada
en su teogonía, sus diseños relacionados con este precioso animal, tales como
la cabeza, manchas, belfos y garras, los encontramos en su espacio de
influencia cultural por todo Mesoamérica. El juego de pelota y su arquitectura
monumental, que se desarrolla en forma espléndida, continuaría en las culturas
mesoamericanas posteriores pero tuvo su origen entre los olmecas, en donde
hábiles jugadores golpeaban la pelota de hule macizo en un juego ritual,
utilizando sólo las articulaciones, hasta pasarla por el aro de piedra labrada dispuesto
en un muro. La influencia del mundo olmeca se extendió por toda Mesoamérica,
desde un océano al otro y desde el Altiplano hasta Centroamérica; esto conforma
ya una verdadera cultura, con importantes asentamientos como La Venta, San
Lorenzo, Tres Zapotes, Laguna de los Cerros, en Veracruz y Tabasco, entre los
más importantes centros ceremoniales, extendiendo su influencia y alimentando a
otras culturas que la sucedieron en forma inmediata, casi en paralelo, como la
zapoteca y la maya.
Los grandes monolitos de piedra basáltica, las misteriosas
cabezas olmecas, son mudos testigos de esta importante cultura que surge en lo
feraz de la selva mexicana, se extiende vigorosamente por todo Mesoamérica,
dejando su huella impresa con la creación de grandes conocimientos para el
mundo americano, tales como la numeración, el calendario, la escritura
jeroglífica. Fueron los olmecas los primeros en tallar el jade y las piedras
verdes, iniciaron el sistema de estelas como pétreos heraldos de
acontecimientos importantes y deidades cosmogónicas, dejaron el jaguar, la
víbora de cascabel y la serpiente acuática como deidades relacionadas con la
tierra y la lluvia, además de que se puede afirmar que son los iniciadores de
la cultura del maíz en América y en el mundo. Como presagio de algo parecido a
lo que más tarde se daría en Europa con el coliseo romano, algunas lápidas de
Izapa quedaron grabadas con la decapitación de jugadores derrotados en el juego
de pelota, costumbre iniciada por los olmecas. El concepto de Atlante, que
posteriormente encontramos en las culturas tolteca y maya, surgió originalmente
entre los olmecas. Este pueblo conocía la navegación fluvial y marítima, que
practicaban en la región del Pánuco y en los ríos y costas de Mesoamérica,
aunque a nivel rudimentario, relativamente hablando, si la queremos comparar
con las llamadas, un poco exageradamente, “talasocracias” del Mediterráneo (por
ejemplo la cretense, su contemporánea).
Los olmecas tenían profunda veneración por la naturaleza y
celebraban ceremonias agrícolas rindiendo culto al maíz, además de que fueron
los iniciadores del culto a los muertos. Durante casi mil años, ésta cultura
madre prevalece en Mesoamérica, mientras dominaba y ejercía su hegemonía
guerrera y cultural sobre los otros pueblos. Los olmecas Logran su apogeo
probablemente en el 1200 a. C., con su expansión por todo Mesoamérica y la
construcción de importantes centros ceremoniales, y sobre todo con la amplia
difusión de su cultura, que comprende vastos conocimientos científicos, como la
observación y registro de la mecánica celeste, la astronomía aplicada a la
agricultura, la numeración, la herbolaria medicinal, la expresión artística y
religiosa, y el uso y manejo del poder político. En el centro ceremonial de La
Venta, en los límites de los estados de Veracruz y Tabasco, situado
originalmente en una isla rodeada por el Río Tonal, se observaba la
planificación de los espacios con referencia a un eje norte-sur, que después se
va a repetir como una constante en el trazo de los centros ceremoniales de las
culturas posteriores durante casi tres mil años. Aquí se empieza a manejar por
primera vez el talud corto en los montículos de tierra y barro, y también se
utilizan columnas monolíticas de basalto, aunque en este caso probablemente para
delimitar el patio ceremonial relativamente hundido con relación a los otros
basamentos.
Los olmecas practican la deformación craneana, misma que
adoptarían los mayas, y la perforación en los dientes, tal vez como elementos
de distinción de castas. En las cuevas de Juxtlahuaca y Oxtotitlán, en
Guerrero, se encuentran pinturas con símbolos religiosos de la cultura olmeca,
como el jaguar y la serpiente. La pintura mural tendrá desde los olmecas un
magnífico desarrollo en las diferentes y subsecuentes culturas, con gran
expresión de arte poli cromático descriptivo y representativo de deidades,
monarcas, personajes y acontecimientos con situaciones o actos trascendentes.
Aproximadamente en el año 600 a. C., con el declive de La Venta, se sitúa
también la decadencia de los olmecas. Todavía la antropología no ha podido dar
respuesta a muchas interrogantes sobre los orígenes de los autores de esta
primera gran cultura mesoamericana. De lo que estamos seguros es de que estos
habitantes de la región del hule, a través de muchas generaciones, durante más
de mil años, extendieron su influencia cultural y política por todo el ámbito
mesoamericano, y de que fue esta civilización, junto con la teotihuacana y la
mexica, las que logran llevar su influencia a toda Mesoamérica y dejaron su
impronta cultural grabada durante un largo proceso que abarca más de tres mil
años.
La cultura zapoteca surge en el 900 a.C. y empieza a
florecer en el Valle de Oaxaca, entre los años 800 y 500 a. C. La acrópolis de
Monte Albán es una de sus grandes expresiones urbanas. La gran aportación de la
cultura zapoteca a las culturas mesoamericanas fue la edificación de la
arquitectura en piedra y el tratamiento de edificios y espacios abiertos con
grandes extensiones de escaleras, formando grandes plazas (la de Monte Albán
tiene 60,000 m2), o explanadas en nivel inferior que nos recuerdan la plaza
hundida del centro ceremonial de los olmecas en La Venta. En la acrópolis de
Monte Albán, en su centro ceremonial; los espacios están dispuestos siguiendo
un eje norte-sur; en las lápidas de “Los Danzantes”, el primer edificio
importante de la acrópolis, se observa una escritura jeroglífica que poco a
poco irá perfeccionándose. Las bases del calendario, que servirían
posteriormente para un desarrollo mucho más sofisticado en las culturas
subsecuentes, entre ellas la maya; también podrían considerarse como
aportaciones zapotecas. Monte Albán se logró desarrollar como una acrópolis
ceremonial, política y urbana cuya construcción sólo pudo realizarse gracias a
un gran poder hegemónico que sojuzgara a otros pueblos tributarios, esto lo
comprendemos mejor si consideramos la ubicación de difícil acceso a la
extensión de ciudad en la acrópolis con grandes templos, la carencia de agua y
la necesidad de nivelación de la cúspide para la construcción, lo que debió
implicar una actividad portentosa.
Esta civilización ejerció su dominio sobre grandes
territorios de Mesoamérica, en donde podemos observar su influencia cultural.
La ciudad llegó a tener miles de habitantes, probablemente miembros de la
aristocracia y sus séquitos de servidumbre, dándole así gran relevancia al
sitio en donde celebraban rituales con gran esplendor; los habitantes de la
acrópolis, acentuaban más su poder hegemónico con el dominio visual que desde
la ciudad tenían sobre el hermoso valle de Oaxaca. Sus pinturas murales nos
hablan de un pasado místico y teocrático espléndido.
En
Izapa, Chiapas, 200 años a. C., y durante 400 años, se desarrollaría una
cultura que podríamos considerar como de transición entre la olmeca y la maya.
En esta zona “se desarrolla un estilo escultórico en el que sobresalen las
lápidas con bajorrelieves, a veces asociadas con altares (zoomorfos) colocados
al frente de la plataforma de los centros ceremoniales, costumbre que seguirá
con las estelas mayas. En estas lápidas predominan las escenas costumbristas y
religiosas sin inscripciones calendarias ni jeroglíficas, pero llenas de
simbolismo y conceptos que luego encontramos en culturas más avanzadas.
Además
la cultura de Izapa cuenta con una cerámica del período llamado protoclásico,
en la que no faltan rasgos como los soportes mamiformes, las
vertederas, las molduras, etc. Se hayan también vasijas cubiertas por una capa
de estuco, pintadas en colores rosa, amarillo y azul más que bellas, piezas
antropomorfas vigorosamente realistas que indican el dominio de la
artesanía.” La escultura expresada en sus lápidas muestra rasgos
definitivamente olmecas y algunos que posteriormente se desarrollaron
plenamente en la cultura maya, como es el caso de las estelas. Es importante
hacer notar que quizás, por primera vez, aparece aquí el monstruo de la tierra;
el lagarto Cipactli.
LOS MAYAS
La cultura del maíz, iniciada por los primeros pobladores de
América y por los olmecas, en forma ya sistemática, fue reforzada y continuada
por los mayas. La infinita proliferación en el tiempo (durante más de 1,800
años) y en el espacio (más de 300,000 km2) de la exquisita arquitectura de sus
centros ceremoniales, con sus magníficos edificios hechos con piedra labrada,
soberbiamente diseñados, urbanísticamente bien planificados e inteligentemente
integrados al medio ambiente natural, dotados de una gran riqueza espacial y de
una armonía que refleja belleza en sus conjuntos, establece un precedente
histórico en América y el mundo. El urbanismo y la arquitectura Maya reflejan
físicamente las características superiores de esta cultura que supo conjugar el
conocimiento científico, la técnica matemática, la astronomía, el conocimiento
sensible en expresión de lo bello y su cosmogonía, nacida tanto de la herencia
cultural olmeca y zapoteca como de sus propias concepciones, producto de la
observación de los fenómenos naturales mediante el profundo conocimiento de la
astronomía, (llegaron a calcular el mes lunar sinódico en 29.5 días) y de su
propia manera de interpretar la realidad. Esta civilización de gran expresión
literaria como el Chilam Blam y el Popol Vuh, debió haber dominado además; el
arte de la política, de la guerra y de la administración de grandes
territorios. Los mayas desarrollaron el sistema de numeración vigesimal,
aplicándolo a sus calendarios mediante ciclos astronómicos y rituales; ellos
utilizaban dos tipos de calendarios: el solar, de 365 días de duración (haab’),
y el ritual, de 13 veintenas, (260 días) (tzolk’in). Ambos calendarios se
combinaban a través de la Rueda calendárica de 52 años que posteriormente daría
lugar a los ciclos rituales de las culturas posteriores y del Fuego nuevo que
practicaban los mexicas a la llegada de los españoles.
TEOTIHUACÁN
A partir del inicio de la era cristiana se consolida la
cultura teotihuacana, que prevalece durante casi 750 años, imponiendo su
hegemonía tanto teocrática como guerrera a las civilizaciones circundantes,
tales como la totonaca, la huasteca, las del Valle del Anáhuac, de Tlaxcala, y
a los pueblos llamados chichimecas, así como a los principales reinos de
Mesoamérica, aun a los más alejados como los mayas. Al convertirse Teotihuacán
en un verdadero imperio, sostiene una red tributaria que hace posible la
edificación de su grandeza y la transmisión del conocimiento y la riqueza
cultural que llegaron a poseer. Pero un imperio no se puede descuidar, porque
los pueblos dominados acaban con el imperio que los dominó, lo cual seguramente
sucedió durante el declive de esta gran cultura, a la que los mexicas, casi mil
años después de su apogeo cultural, calificarían como: la cuna de los dioses,
el origen de Quetzalcóatl, de los Macehuales y de la cultura con la cual se
inició el Quinto Sol. Fueron los mexicas quienes la llamaron Teotihuacán; la
“Ciudad de los Dioses”. Así como los romanos tomaron de la Grecia de Alejandro
de Macedonia la inspiración para el diseño de su imperio, así probablemente los
mexicas se inspiraron también en los teotihuacanos para la construcción del
imperio mexica de la Gran Tenochtitlán.
La influencia recíproca de las culturas mesoamericanas se
hace patente en aquellas que surgen a principios de la era cristiana,
principalmente en la civilización teotihuacana, que deja ver su impronta
proveniente de la cultura zapoteca y al mismo tiempo influye en Monte Albán, en
el soberbio centro ceremonial de la cultura totonaco-huasteca, el Tajín y en
las civilizaciones mesoamericanas anteriores y posteriores como la maya. Una
prueba de esto es el uso del tablero y el talud en la arquitectura de sus
templos, el cual se generaliza a partir de la cultura teotihuacana en todo
Mesoamérica; de igual forma, aunque no es factible precisarlo, es muy posible
que en Teotihuacán se haya consolidado el uso del idioma náhuatl y que, debido
a su influencia, se haya generalizado en la mayor parte de Mesoamerica.
En el 450, Teotihuacan era ya una ciudad estructurada con
conjuntos habitacionales integrados con barrios intercomunicados por calzadas y
callejuelas pavimentadas con piedra. En estos barrios no era excepcional
encontrar pequeños templos oratorios. No se sabe si los teotihuacanos tuvieron
dioses domésticos como los penates de los romanos. En la ciudad existían
infinidad de plazas interiores, jardines y palacios; la ciudad contaba con una
extensa red para canalizar el agua potable así como las redes adecuadas de
alcantarillado que hacían de esta una ciudad limpia y bella, con gran cantidad
de jardines y flores variadas. En esa época la ciudad tenía más de 15 km2 de
extensión y aproximadamente 65,000 habitantes. Teotihuacan alcanza un máximo
esplendor probablemente del año 400 al 600; en ese tiempo, la metrópoli
seguramente superaría a los 100,000 habitantes permanentes más una importante
población flotante o itinerante; su superficie posiblemente rebasaría las 2,000
hectáreas. Estas cifras son por supuesto aproximadas, pues existen diferentes
versiones de diferentes investigadores, pero en promedio y por los hechos, se
pueden calcularlas conservadoramente en esta forma. Ya en esta época es de
suponerse que tanto la actividad humana, como por supuesto la agrícola,
absorbían la mayor parte del agua de los manantiales del Cerro Gordo.
La teotihuacana era una sociedad bien estratificada en
diferentes clases; sacerdotes, guerreros, artistas, constructores, artesanos,
comerciantes, agricultores, peones, etc. Una sociedad en armonía dedicada a la
adoración de los dioses, al dominio de los reinos mesoamericanos, a la producción
agrícola, al comercio, a la producción artesanal, al entretenimiento, a la
observación de los astros y al disfrute de la gran ciudad por medio de una vida
urbana sofisticada y de gran esplendor. Existían barrios especializados e
identificados por las diferentes regiones o reinos del imperio. Y por otro lado
se encontraban, de manera muy importante y característica de la ciudad, las
áreas dedicadas al entrenamiento de guerreros y juegos rituales, como parte
importante de la necesidad de sojuzgar y controlar a sus tributarios por medio
del poder impuesto por la fuerza.
Una constante en las culturas mesoamericanas fue también la
observación sistemática, racional y científica, del movimiento cíclico de los
astros y sus efectos en los fenómenos naturales relacionados con la
agricultura. En Teotihuacan esto se realizó estimulado por los grandes templos
y los puntos o sitios fijos en la cúspide de cada templo, que propiciaban la
observación y medición astronómica. Convirtiéndose de esta manera en virtuales observatorios
del movimiento celeste. Esto, combinado con el dominio de las matemáticas y el
manejo de los calendarios, les proporcionaba una valiosa herramienta científica
aplicable a la agricultura y a la prevención de los fenómenos naturales. A
partir del 650, y durante un siglo, se da la declinación de la cultura
teotihuacana hasta casi su total desaparición en el 750, no sin antes
transmitir a las civilizaciones posteriores su influencia cultural expresada en
su manera de vida, su agricultura, su teogonía, su concepción cosmogónica de
plenitud y grandeza en la vida terrena y de trascendencia superior después de
la muerte. La extinción de la influencia teotihuacana en Mesoamérica dio
posibilidad al surgimiento y florecimiento de nuevas culturas como la tolteca.
LOS TOLTECAS
Según el Códice Chimalpopoca, en el año 830 inició la
cultura tolteca y en el año 947 nació Ce-Acatl Topiltzin, Quetzalcóatl, quien
en el año 974 llegó a Tollantzingo (Tula) y en el 977 se convierte en el señor
de Tula. El imperio tolteca domina todo el valle de México, y sus principales
ciudades son Tula, Otoyán y Culhuacán, fundadas por Mixcoac, que fue el gran
guerrero de los toltecas, conquistador y padre del Quetzalcóatl hombre, que
concebido con Chimalman, mujer con características mágicas o milagrosas,
Quetzalcóatl nace en el Estado de Morelos y es educado de niño en Tepoztlán
bajo la influencia de la cultura de Xochicalco. Quetzalcóatl regresa a Tula
para vencer al usurpador del reino de su padre y rescatar los restos de éste.
Una vez teniéndolos en su poder, los entierra en el Cerro de la Estrella, con
lo que inicia su reinado aproximadamente en el 977. Bajo Quetzalcóatl
proliferaron las artes y las buenas costumbres, además de que eliminó del
ritual teocrático a los sacrificios humanos, sustituyendo a los prisioneros por
algunos animales, como serpientes y mariposas. Esto le atrae ciertos
antagonismos con los sacerdotes de Tezcatlipoca[14], quienes no querían dejar
los sacrificios humanos y profesaban una religión politeísta contraria a la
monoteísta de Quetzalcóatl. Cuenta la mitología tolteca que los sacerdotes de
Tezcatlipoca lograron que el rey Quetzalcóatl aceptara verse en un espejo,
quien, al ver su vejez, se impresiona fuertemente y siente la necesidad de
beber. Los sacerdotes se aprovechan para embriagarlo con pulque y acostarlo con
una mujer, lo que va en contra de sus principios. Algunas versiones aseveran
que esa mujer era su hermana. Según el Códice Chimalpopoca, Quetzalcóatl,
después de esto, sale avergonzado de Tula y se dirige hacia la Tierra del Rojo,
probablemente Yucatán, lo cual es posible si observamos la gran influencia
tolteca en la arquitectura de Chichén Itzá, por ejemplo, en los templos de
Kukulkán y el de las 1,000 columnas, en el Chac Mool y el juego de pelota.
Finalmente, según la mitología; Quetzalcóatl desaparece en el mar
convirtiéndose en la estrella Venus. Desde entonces, es venerado como
Tlahuizcalpantecuhtli, (lucero de la tarde y de la mañana). El simbolismo de
esta transfiguración –la desaparición o muerte de Quetzalcóatl en el mar—, y la
fecha de su nacimiento —en un año Uno Caña (Ce-Acatl), coincidente con la fecha
de la venida de Cortés— tendrían más tarde un gran impacto simbólico-religioso
en Moctezuma Xocoyotzin, señor de los mexicas, habiendo sido esta una de las
causas por las que Moctezuma no los atacó y los recibió como Teules lo que en
cierta forma explica en la rapidez asombrosa con que se consumó la conquista
del su Imperio.
Durante la migración de los aztecas, denominados así porque
procedían de Aztlán, un lugar mítico en donde abundan las garzas, situado en el
noroeste de México, pasaron por Tula y se establecieron en Coatepec. De este
contacto con la cultura tolteca, asimilaron su esencia cultural, incluidos usos
y costumbres, además de que adoptaron el panteón teotihuacano-tolteca. En éste
se encuentra incluido el mito del nacimiento de su deidad principal,
Huitzilopochtli, quién los guiaría hasta su establecimiento definitivo en
México-Tenochtitlán motivados por la necesidad de liberarse de los toltecas. En
realidad debería llamarse renacimiento de Huitzilopochtli, toda vez que en el
mito original, es él, ésta deidad, quien los impulsa a salir de Aztlán en
búsqueda de “la tierra prometida”. Huitzilopochtli, en el mito de la creación,
“recibe los nombres de Omitecutli, ‘Señor Hueso’, y Maquizcóatl, ‘Serpiente de
Dos Cabezas’ también era conocido como Mxitli. En las tradiciones históricas,
es el patrón de los aztecas. Durante su migración les hablaba anunciándoles su
destino. Según el mito, nació en Coatepec, cerca de Tula. Su madre, Coatlicue,
‘Naguas de Serpiente’ o ‘diosa de las flores’, lo concibió al guardarse en el
seno una bola de plumas que encontró cuando barría. Nació todo armado y derrotó
a los huitznahuas, sus hermanos que, incitados por su hermana Coyolxahuqui,
querían matar a su madre por haberse empreñado a hurto.”
LOS MEXICAS
La gran Tenochtitlán fue fundada en 1325 bajo la guía y el
liderazgo del sacerdote Tenoch. Los aztecas inician aquí una teocracia que
alimentaría y conformaría a la gran cultura mexica, precisamente con la
fundación de esta ciudad, que después sería la gran metrópoli sede de los
poderes de su imperio. Unos años antes de la fundación de México-Tenochtitlán
en los inicios del 1300, los aztecas, guiados por Tenoch y por Huitzilihuitl I,
llegaron al valle y se asentaron en lo alto de cerro de Chapultepec. Si todavía
hoy en día es impresionante y bella la vista de los volcanes en días claros, en
ese entonces; desde allí se dominaba el hermoso Valle de Anáhuac, con sus
poblaciones, lagos y la multitud de volcanes, tanto los pequeños como los
señoriales, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Al pie del Cerro del Chapulín se
contaba con abundantes manantiales de agua cristalina y con un denso bosque de
gran variedad de árboles en donde predominaban los centenarios ahuehuetes
(Taxodium mucronatum).
El señor de los aztecas en esta época era Huitzilihuitl y
Tenoch era el sumo sacerdote. Sus costumbres, derivadas de su cosmogonía y
teogonía, incluían los sacrificios rituales de prisioneros tomados de otros
pueblos para ser ofrendados a su dios Huitzilopochtli. Esta circunstancia, así
como el termino, en ese tiempo, de uno de sus ciclos rituales de 52 años con la
ceremonia de encendido del Fuego Nuevo, a fin de celebrar y asegurar el término
del ciclo y la salida del nuevo Sol.
Con el surgimiento de México-Tenochtitlan y su Dinastía se
inicia la cultura mexica. En diferentes ocasiones ha surgido la duda de quiénes
eran los aztecas y quiénes los mexicas, en realidad unos y otros eran los mismos,
sin embargo al conseguir los aztecas asentarse definitivamente en donde su dios
Huitzilopochtli les había indicado, termina la migración de los aztecas y
comienza la cultura mexica.