viernes, 11 de noviembre de 2016

Estado Mexicano

Tensión entre el fraccionalismo regional y el centralismo

Después de que México logra su independencia, se inicia una lucha entre dos grupos por imponer su proyecto de nación. El grupo progresista (liberales) luchó por el establecimiento de la República Federal. El grupo conservador, defendió el centralismo, esto es el poder central que debía gobernar a los departamentos en que se dividiría el territorio nacional. Se expidieron las bases constitucionales, conforme a ellas, el Estado mexicano se convirtió en centralizado; tuvo departamentos en lugar de estados, juntas departamentales en lugar de legislaturas; y gobernadores designados por el ejecutivo nacional en lugar de gobernadores elegidos por los correspondientes distritos. Asimismo, el Congreso formó las llamadas Siete Leyes Constitucionales (30 de diciembre de 1836). Éste fue un complicado sistema de gobierno, en el cual, junto a los poderes que hasta entonces habían existido en México (legislativo, ejecutivo y judicial), cuyos órganos eran, respectivamente, las cámaras, el presidente de la república y los tribunales, fue establecido un cuarto poder; el Supremo Poder Conservador, compuesto por cinco individuos elegidos por las juntas departamentales y el Congreso. Este Supremo Poder Conservador era superior a los otros tres poderes, porque podía declarar la incapacidad física o moral del presidente y anular sus actos; suspender la Suprema Corte y las sesiones del Congreso, y declarar la nulidad de las leyes, decretos o reformas que hicieran las Cámaras. Por último, conforme a las Bases Constitucionales, el periodo presidencial se alargaba a ocho años. En medio de una serie de luchas internas por establecer la forma de gobierno más conveniente, México recibió el impacto de tres intervenciones extranjeras. La primera provino de Francia, la segunda de Estados Unidos, y la tercera nuevamente de Francia. Esta última fue un intento de los conservadores, en complicidad con Napoleón III (rey de Francia), por implantar una monarquía. Este intento fracasó ya que al poco tiempo el pueblo los derroto estando al frente de la República, Benito Juarez. La derrota del imperio significó el establecimiento definitivo del Estado nacional moderno en México (1867), y a partir de ese momento, la república representativa y federal queda para siempre enraizada.




Organización del Estado Mexicano

La formación del estado mexicano fue un proceso lento e incompleto. No fue logrado de una manera definitiva durante el periodo concluido en 1867. El triunfo liberal de 1867 y la restauración de la republica no llevó este proceso a su culminación, como lo demostraron los conflictos constitucionales y políticos de la década siguiente. Sin embargo, México había sobrevivido a una serie de profundas crisis poscoloniales y había mantenido no solamente su soberanía como estado independiente, sino también su integridad territorial interna.

En el México prehispánico se dio toda una evolución en la estructura política según el lugar y el periodo; se tuvieron desde los clanes patriarcales, pasando por los señoríos independientes, hasta formar verdaderos imperios. Durante el dominio español, nuestro país era una colonia; en el siglo XIX experimentó la monarquía, y actualmente se organiza como república. La monarquía existió en México de alguna manera, ya que durante el tiempo en que éste formó parte del Imperio Español, la máxima autoridad política de la Nueva España era el rey español, quien ejercía su gobierno a través de un representante personal, llamado virrey, por lo que la forma de gobierno recibía el nombre de virreinato.

La decadencia de la monarquía absoluta en los primeros años del siglo XIX daba paso a la modernidad europea y con ella a nuevos sistemas de gobierno basados en la idea fundamental de que la soberanía radica en el pueblo. Esto ya era una realidad al obtener su independencia las trece colonias anglosajonas que se convirtieron en los Estados Unidos de América o Norteamérica. En esta ola de cambios y transformaciones se inscribe otro acontecimiento trascendente que fue la Revolución Francesa; las ideas y formas de organización que en ella se dieron influyeron para que varios países lucharan por su independencia, y se promoviera en ellos la importancia de las nuevas formas de gobierno. En México, el primer documento formal en el que se hace la propuesta de establecer una República, es la Constitución de Apatzingán (1814), obra del Congreso constituyente convocado por José María Morelos y Pavón. Como país independiente, México experimentó su primera forma de organización política con Agustín de Iturbide, quien intentó establecer como forma de gobierno la monarquía, pero no lo logró por mucho tiempo. Su permanencia en el poder fue muy breve y pronto se optó por el sistema republicano se inicia una lucha entre dos grupos por imponer su proyecto de nación. El grupo progresista (liberales) luchó por el establecimiento de la República Federal. El grupo conservador, defendió el centralismo, esto es el poder central que debía gobernar a los departamentos en que se dividiría el territorio nacional. Se expidieron las bases constitucionales el 23 de octubre de 1835; conforme a ellas, el Estado mexicano se convirtió en centralizado; tuvo departamentos en lugar de estados, juntas departamentales en lugar de legislaturas; y gobernadores designados por el ejecutivo nacional en lugar de gobernadores elegidos por los correspondientes distritos. Asimismo, el Congreso formó las llamadas Siete Leyes Constitucionales (30 de diciembre de 1836). Éste fue un complicado sistema de gobierno, en el cual, junto a los poderes que hasta entonces habían existido en México –legislativo, ejecutivo y judicial, cuyos órganos eran, respectivamente, las cámaras, el presidente de la república y los tribunales–, fue establecido un cuarto poder; el Supremo Poder Conservador, compuesto por cinco individuos elegidos por las juntas departamentales y el Congreso.

Este Supremo Poder Conservador era superior a los otros tres poderes, pues podía declarar la incapacidad física o moral del presidente y anular sus actos; suspender la Suprema Corte y las sesiones del Congreso, y declarar la nulidad de las leyes, decretos o reformas que hicieran las Cámaras. Por último, conforme a las Bases Constitucionales, el periodo presidencial se alargaba a ocho años. En medio de una serie de luchas internas por establecer la forma de gobierno más conveniente, México recibió el impacto de tres intervenciones extranjeras. La primera provino de Francia, la segunda de los Estados Unidos, y la tercera nuevamente de Francia. Esta última fue un intento de los conservadores, en complicidad con Napoleón llI (rey de Francia), por implantar una monarquía, la cual fue ofrecida a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria. Este intento fracasó ya que al poco tiempo el pueblo los derrotó estando al frente de la República, Benito Juárez. La derrota del imperio significó el establecimiento definitivo del Estado nacional moderno en nuestro país (1867); y a partir de ese momento, la república representativa y federal quedó para siempre enraizada en México.

Organización del Estado mexicano

El Estado mexicano está formado por:

a) El pueblo de México.

b) El territorio mexicano.

c) La soberanía nacional.

d) El gobierno federal.

El pueblo de México Lo forman los mexicanos, que pueden serlo por nacimiento o por naturalización.

Mexicanos por nacimiento son los que nacen en nuestro país, sean o no mexicanos los padres, los que nacen fuera del país de padre o madre mexicana; o los que nacen en barcos o aviones mexicanos.

Mexicanos por naturalización son los extranjeros que vivan en nuestro país por cierto tiempo, o se casen con una mexicana o un mexicano y se les otorgue carta de naturalización.

El territorio mexicano

Está integrado por el territorio de los 31 estados de la República Mexicana y el Distrito Federal, por el subsuelo (lo que está debajo de la tierra), el espacio nacional (lo que está arriba, en el aire), el mar anexo a las costas mexicanas (mar territorial) y las islas cercanas.

La soberanía nacional

La soberanía es el derecho del pueblo para elegir la forma y organización de su gobierno interiormente y para que otras naciones lo reconozcan y respeten internacionalmente.

El pueblo mexicano eligió como forma de gobierno una República representativa, democrática y federal, compuesta por estados libres, pero unidos en una federación.

República: Es la forma de gobierno en la cual los ciudadanos eligen periódicamente al presidente, quien desempeña ese cargo de manera temporal; además, el poder no radica en una sola persona, sino que se divide en tres.

Representativa: El pueblo participa en el gobierno a través de sus representantes; las leyes se elaboran por medio de ellos (diputados y senadores) electos por los ciudadanos a través del voto.

Democrática: Significa que el pueblo es el que gobierna, es decir, que todos los ciudadanos tienen la oportunidad de participar directa o indirectamente en el gobierno.

Federal: Porque los estados que integran la República Mexicana son libres y soberanos en su gobierno y organización internos, pero se deben sujetar a las disposiciones de la Constitución Federal.

El Estado oligárquico Mexicano

• Se presenta como una contradicción interna al definirse como liberal y oligárquico a la vez. Se dice que en el ámbito de las relaciones jurídico políticas, es liberal, defiende la igualdad política de los ciudadanos y reconoce la libertad de pensamiento y de cultos. Concibe al individuo como el principio rector de la sociedad mientras que el Estado debe limitarse a garantizar y promover los intereses de los particulares. Adopta la forma de República Democrática, Representativa y Federal; sin embargo, en la práctica jamás fue democrática

• Se advierte una hegemonía de la fracción liberal-terrateniente conformada por civiles y militares, identificados ideológica y políticamente con el liberalismo. Este sector de la población, aunque de orígenes modestos, como los abogados, los pequeños propietarios rurales, los comerciantes de provincia, se ha transformado, en un grupo de grandes terratenientes. Se diferencian de los demás señores de la tierra, por su homogeneidad política e ideológica, por su organización nacional y por sus propósitos transformadores.


Estado Oligárquico en México (1867-1914)

Tras la caída de la dominación española, el caciquismo, el caudillismo y la extensión de las pautas oligárquicas, fueron expresiones sociales que obtuvieron la dominación política del país. Por ello, el primer momento de la vida independiente de México, conocido comúnmente con el nombre de “periodo de anarquía”, contemplaba un Estado nacional que lo era sólo formalmente, pues carecía de control efectivo sobre la población y el territorio”. A este periodo político se le denomina, Estado Liberal Oligárquico, (1867-1914) forma de gobierno que se caracterizó por “una contradicción interna. Se trata de una combinación eficiente de dos tendencias encadenadas, aunque encontradas. Por un lado, en el plano de las relaciones jurídico-políticas, es liberal. (…) Por otro lado, en el plano de las prácticas políticas imperantes, es oligárquico”. Es decir, existía el predominio de estructuras sociales y políticas con matices estamentales y raciales. Por ello, no existían los partidos políticos, predominaban las formas de liderazgo político como el caciquismo y el caudillismo y era común la explotación de los trabajadores, de maneras no propiamente capitalistas, sin embargo, el estado liberal oligárquico, se concibe como capitalista porque con la separación entre la sociedad y el Estado, se expresa cierta autonomía, por otro lado, se presentó un ataque a las corporaciones y se abrió la economía, también en este tiempo se dio la organización de la hacienda pública, se creó un ejército y una burocracia. Sin embargo, las libertades del liberalismo fundamentadas en la democracia fueron ejercidas únicamente por algunos cuantos y con el paso del tiempo el grupo se redujo aún más, provocando que el Estado fuera cada vez más autoritario. El modo de producción era capitalista. En estas condiciones las ideas del liberalismo jacobino de Juárez fueron remplazadas por las ideas positivistas, promotoras del capitalismo. Bajo el marco capitalista las dos principales clases sociales eran la burguesía y el proletariado quienes formaban el grueso de la población. La burguesía se encontraba dividida principalmente en dos grupos, por un lado estaban los inversionistas extranjeros que habían llegado con la apertura de la economía y la construcción de vías férreas que abrieron las puertas al imperialismo y por otro lado, estaban los terratenientes que poseían vestigios patrimoniales (hacendados tradicionales)  o los que se beneficiaron de las reformas agrarias y los privilegios políticos para adquirir sus propiedades, que en la mayoría de los casos habían sido confiscadas a la iglesia.( hacendados modernos). Inicialmente no se presentaron conflictos entre los grupos que formaban el bloque de poder. Sin embargo, con el paso del tiempo y tras las desventajas que se daban por el favoritismo del gobierno sobre algunos, se presentó una gran inconformidad que finalmente provocó el desplome del grupo que conformaba el bloque de poder. En este contexto socio-político se dio el gobierno del General Porfirio Díaz.

El porfiriato y sus repercusiones sociales

Se ha dicho, que durante los primeros años del porfiriato  hubo estabilidad y un gran crecimiento económico en la nación. Se construyeron, más de 19.000 kilómetros de vías férreas con la inversión extranjera; el país quedó comunicado por la red telegráfica; se realizaron inversiones de capital extranjero y se impulsó la industria nacional. A partir de 1893 se sanearon las finanzas, se mejoró el crédito nacional y se alcanzó gran confianza en el exterior.

El porfiriato se caracterizó por las ideas de Orden y Progreso fundamentadas en el positivismo, pensamiento que años antes había sido introducido en México por Gabino Barreda. La corriente positivista se propagó con gran éxito porque por instrucciones de Benito Juárez, Barreda  elaboró un programa educativo basado  precisamente en este sistema filosófico.

“El positivismo se convirtió en el fundamento indispensable para orientar la educación hacia el progreso, sólo así, se pensaba, se cumpliría el ideal liberal de libertad científica. En diciembre de 1867 el gobierno de Juárez expidió la Ley de Instrucción Pública, en la que se reglamenta el carácter gratuito y obligatorio de la enseñanza elemental, con base en la cual se funda la Escuela Nacional Preparatoria como la institución más representativa de la nueva orientación de la educación”.

 Pese a que las intenciones  de Juárez  iban encaminadas a la restauración del régimen republicano, un Estado laico y la educación pública recobraba, el  porfiriato distorsionó la esencia de esta reforma y favoreció únicamente a unos cuantos. Se invirtió en  educación, pero,  sólo en la educación de los jóvenes con poder económico. El grueso de la población siguió padeciendo el analfabetismo.  De esta manera la educación sufrió otro estancamiento y “tenía el propósito fundamental de formar la burguesía mexicana  que se constituyó de individuos cuyos conocimientos e ideologías los hacía de hecho los más viables conductores de la economía del Estado”.  Bajo el marco  positivista, se anteponían los valores económicos ante cualquier otro. Se pensaba que “cuanto más ricos sean sus ciudadanos más progresará el país” pero se olvidaron de que “el enriquecimiento exagerado de unos (pocos) implicaba el empobrecimiento exagerado de otros (muchos)”.

Por otro lado, el Estado liberal oligárquico durante el porfiriato, no concibió a la escuela como una verdadera institución creadora de sentido para la población, sino que la convirtió  en  parte de un aparato represor que a través de la educación creaba un abismo profundo entre unas clases y otras.

Por otro lado, ciertamente durante el porfiriato  se dio un gran crecimiento económico, sin embargo, este no fue un verdadero desarrollo, ni económico, ni político y mucho menos social. La mayor parte de las inversiones pertenecían a extranjeros, o a empresarios que vivían con capital prestamos por los bancos, por tanto, sujetos a movimientos que estaban totalmente fuera de su control.

Además del analfabetismo y la pobreza que vivía el pueblo mexicano en el porfiriato, la estabilidad del país se había logrado de maneras muy cuestionables; a pesar de la libertad de expresión adquirida recientemente, se vivía una gran represión, porque las ideas contrarias al régimen, eran motivo de fusilamiento.

En general, el liberalismo oligárquico de Porfirio Díaz, en cuanto a lo social no fue bueno, aunque la burguesía de la época vivía en una gran opulencia, recibían educación y gozaban de cierta seguridad,  la mayor parte del país estaba sumido en grandes desigualdades, casi todo de pueblo vivía en la ignorancia, en condiciones insalubres, y en una extrema pobreza mientras que los burgueses acrecentaban cada vez más sus bolsillos como resultado de los abusos a los trabajadores.  Todas estas molestias sociales fueron a parar en la rebelión surgida el 20 de noviembre de 1910.












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